El amor es una fruta para dos…

  • Por:  Alberto Barrera
    El viejo cantor y compositor –vestido de negro y con aires de sacerdote católico-
    apareció en el escenario tras una corta espera y fue ovacionado de pie por los miles de
    seguidores que esa noche de jueves (20Feb2020) llegaron al anfiteatro del Centro
    Internacional de Ferias y Convenciones en San Salvador.
    Una noche cálida por la ternura, sencillas y emotivas letras del español José Luis
    Perales que emocionaron a los asistentes, muchos de la tercera edad (o más) que
    llegaron con sus parejas, ayudados por familiares, en sillas de ruedas o bastones para
    escucharle en el concierto “Baladas para una despedida”.
    Los fans de Perales envejecieron a su lado, pues a sus 75 años realiza una gira en la
    que se despide de los escenarios en América y concluirá en diciembre en Madrid.
    A las 9.35 de la noche inició la presentación cantando “Un velero llamado libertad” y
    muchos corearon la letra de la exitosa balada de su álbum “Tiempo de otoño”, editado
    en 1979.
    Después de 15 minutos y cuatro canciones saludó y agradeció la asistencia y dijo:
    “Vengo a despedirme de vosotros, pero no de la música”, ante lo que muchos le
    desaprobaron, pero él no dio ninguna explicación, aunque probablemente la edad o
    alguna enfermedad le obligan al retiro de uno de los principales baladistas españoles.
    “El amor,
    Es una gota de agua en un cristal,
    Es un paseo largo sin hablar,
    Es una fruta para dos.”
    Y con “El amor” –del mismo álbum- reinició el concierto de poco más de 90 minutos,
    después del cual la noche enfrió y los asistentes iniciamos el peregrinaje hacia la salida
    del escenario y luego evadir el desorden vehicular en los alrededores.
    Después de la novena canción volvió a saludar al público encendido románticamente y
    muchos gritaban las letras de sus baladas, como las dos jóvenes sentadas a mi lado y
    que en algún momento resonaron en mi cabeza por los altos decibeles que emitían.
    Presentó a cada uno de los siete excelente músicos que le acompañan en la gira y
    aludió que en su carrera siempre escribió las letras de su canciones, exceptuando
    “Creo en ti” la cual fue con ayuda de Miguel Bosé y también para otros como
    Mocedades creó “Le llamaban loca” y a Raphael “Frente al espejo” en la que dice:
    “Prefiero ser un loco soñador
  • Amante de la vida en libertad”…
    Perales es uno de los más prolíficos y exitosos cantautores de España con autoría de
    unas 500 canciones y desde su debut en 1973 con el disco “Mis canciones”, ha editado
    27 álbumes de los que ha vendido más de 50 millones de copias y obtenido casi cien
    discos de Oro y Platino. Un fenómeno del romanticismo.
    En 2006 con la edición de su disco “Navegando por ti”, Perales habló con lectores del
    diario El País y uno le preguntó sobre las tres canciones de otros autores que le
    hubiese gustado escribir y respondió: “La boheme, que cantó (Charles) Aznavour.
    Puentes sobre aguas turbulentas, de Paul Simon e Imagine, de John Lennon”.
    La noche caía y luego de 19 canciones -en las que hubo atrasos y hasta lo que
    parecían reclamos al director de la banda y a un guitarrista-, por lo cual se disculpó
    pero no fue por eso si no por algunos problemas en el retorno del audio, pues no se
    escuchaba al cantar, Perales se despidió y junto a sus músicos salieron del escenario.
    De nuevo sus fans reclamaron una más aplaudiendo y coreando otra, otra… y volvió
    con su banda y cantó dos, entre ellas “Y cómo es él”, de la que dijo es de las
    “canciones que llevo como una cruz”, pero que nunca se la quiso quitar.
    La mayoría de melodías que interpretó esa noche son parte de una producción y
    recopilación de sus éxitos y la cual llamó “Mirándote a los ojos”, en la que incluye 35
    éxitos en su larga Carrera desde el inicio de los 70.
    Al final los asistentes salieron en peregrinaje hacia las salidas o en busca de sus
    vehículos en los apretados e improvisados parqueos del Cifco, con el manto de la
    noche estrellada y fresca, para lidiar con el estresante tráfico de la ciudad.